Autor:Carmen Jauregui Romo
Desde que vi el proyecto del Libro Viajero me enganchó. Pensé que a México le hace mucha falta este tipo de iniciativas y me encantó la idea de promocionar la lectura también de esta manera. Decidí que Tijuana, Baja California, México debía enviar libros a volar por el mundo. Quise participar y confieso que me tomó muchísimo tiempo decidir qué libro dejaría volar. Al final me declaro egoísta, celosa o de plano esclavista. No me he podido desprender de ninguno de mis libro tan queridos. Parece que la única forma de desprenderme de ellos es prestándolos, con la tonta idea de que me los devolverán; pero este no era el caso…

Coloqué el sticker del Club de Lectura: con un libro entre las manos y mi mensaje de presentación del Libro Viajero. Tomé las fotos para evidencia de nuestra mutua aventura y me despedí del libro.
Debo decir que mi día había transcurrido con la agenda muy apretada. Había escrito apresurada, minutos antes, el mensaje de presentación y compré al lado de la librería el pegamento para preparar al viajero y ya pasaban las 9pm, como verán en la fecha que pone la cámara en las fotografías. Yo estaba esperanzada a que en la cafetería del Centro Comunitario de mi Universidad hubiera tanta gente que más de alguno se interesaría por darle alas a mi libro aún a esa hora.
En la enorme cafetería coloqué al aspirante a libro viajero en uno de los módulos para depositar las charolas de comida y disponer la basura, bien visible. Me coloqué a cierta distancia de él (unos 7 metros) en un sitio estratégico para observar al posible acompañante del primer vuelo de mi libro y, cámara en mano me dispuse a esperar. No tardó en llegar un conserje del lugar, miró de reojo el libro y le echó una toalla de limpieza parcialmente encima volteando para todos lados y se alejó un poco a limpiar el piso, yo seguí esperando… cada que alguien se acercaba a dejar una charola o tirar basura, el conserje se acercaba y simulaba limpiar el piso en derredor y la gente se ahuyentaba, así pasó como con unas 15 personas. En una de esas le hablaron al conserje para algo, otro conserje se acercó y tomó la toalla de limpieza alejándose del lugar, en eso una mujer de unos cuarenta y tantos años pasó junto al libro, lo observó con detenimiento, lo volteó y leyó la contraportada y… de nuevo aparece el primer conserje y pone en ese sitio su escoba recargada mirando a la mujer, obviamente ella dejó el libro y continuó su camino sin haber visto el mensaje de presentación del libro viajero. Regresó el 2do. conserje y se llevó a la escoba vigilante. Era tan curiosa esta escena con el conserje que decidí sacar la cámara para capturar ese comportamiento. Pronto pasó una joven de unos 21 años, se interesó por el libro y lo abrió, parece que empezaba a leer, quise tomar una foto y llegaron dos señoras con una niña en brazos y me taparon por completo el campo de visión, no pude tomar la foto. Cuando me dejaron entrever el sitio, el 1er. conserje ya estaba otra vez en escena y la muchacha ya se alejaba del lugar. Al tiempo un muchacho se acercó y sin tocarlo se quedó mirándolo, quise tomar la foto cuando alargó la mano hacia él y las baterías de la cámara se acababan de descargar, de cualquier manera el celoso conserje se había acercado y esta vez ponía junto al libro su botella térmica de agua (porque el calor ha sido insoportable últimamente), el chico se despidió del libro con una mirada sobre el hombro y se alejó. Yo entre tanto había tomado el celular para usarlo de cámara emergente, no toma fotos de buena calidad pero de eso a nada… Al tiempo pasó una joven de unos 27 años, miró el libro y quiso tomarlo pero cuando volteó en mi dirección (ya semivacía la cafetería a esas horas) me descubrió en una esquina y supongo que el celular listo para disparar la ahuyentó. Decidí esconder un poco el celular entre otros libros que inevitablemente compré junto al candidato a libro viajero. El conserje celoso regresó, tomó su botella de agua y trajo otra escoba para custodiar al ansioso viajero. Otros tantos jóvenes pasaron mirando con insistencia al solitario aprendiz de viajero, pero la escoba firme custodiaba al prisionero e intimidaba a cualquier curioso. A pesar de ello pasaron 3 jóvenes, dos hombres y una mujer, se acercaron valientes al libro (superaban en número a la amenazante escoba) y lo hojearon leyeron portada y contra portada curiosos y leyeron el mensaje de presentación, el conserje se les acercó y los circundaba por todas partes, ahora descaradamente tratando de intimidarlos con su lenguaje corporal y quitando y poniendo cerca la escoba hasta que desanimados se retiraron despidiéndose con una sonrisa, estas fotografías sí las pude captar, ahí se ve el conserje con gorra y la consabida escoba. Se descargó mi celular y saqué el segundo celular para captar la escena. Después de esto se acercaron otros dos jóvenes que iban juntos, lo miraron y se alejaron sin tocarlo, uno más se acercó y lo hojeó y no se atrevió a llevárselo. El conserje ya se había tenido que retirar. Estaban cerrando la cafetería y yo me levanté, recogí al desilusionado Libro Viajero y ambos nos despedimos del lugar.
Volveré a intentarlo y les comento.
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